20131008

EL LIBRO DE LA SABIDURIA Los Siete Puntos del entrenamiento mental de Atisha OSHO


Una vez trajeron hasta mí a un místico sufí. Continuamente, durante treinta años, había estado utilizando el método zikr de los sufíes y había llegado a tener elevadas experiencias. Se le notaba, incluso la gente corriente se daba cuenta de que este hombre vivía en un mundo completamente diferente. Lo podías apreciar en sus ojos. Le brillaban de dicha. Su ser mismo vibraba con algo del más allá.
Sus discípulos le trajeron a mí y dijeron:
Nuestro maestro es un alma iluminada, ¿cuál es tu opinión sobre él?
Yo dije:
Dejadle conmigo durante tres días y después volved.
El maestro permaneció conmigo durante tres días. Al tercer día estaba lleno de ira y dijo:
¡Has destrozado mis treinta años de trabajo!
Porque le propuse algo muy simple... tan sólo este sutra de Atisha: Deja incluso que el remedio se vaya...
Le dije:
Durante treinta años has estado recordando una cosa: que todo es divino. El árbol es Dios, la roca es Dios, las personas son Dios, el perro es Dios, todo es Dios. Durante treinta años has estado recordándolo continuamente.
Y realmente había hecho un esfuerzo sincero.
El dijo:
Así es.
Le dije:
Deja ya de recordar. ¿Cuánto tiempo vas a recordar? Si la iluminación ha sucedido, entonces deja de recordar y veamos lo que pasa. Si de verdad ha sucedido, entonces, hasta dejando de recordar, permanecerá.
El argumento era tan lógico que estuvo de acuerdo.
Dijo:
¡Ha sucedido!
Y le respondí:
Entonces, hagamos la prueba. Durante tres días deja de recordar, ¡para de recordar!
El me contestó:
No puedo parar, se ha vuelto algo automático.
Yo le dije:
Inténtalo y espera.
Le llevó al menos dos días conseguir parar, cuarenta y ocho horas. Resultaba difícil, se había vuelto algo automático. Sucedía por sí solo. Durante treinta años había estado recordando y el recuerdo seguía ahí, como una corriente subterránea. Pero después de cuarenta y ocho horas paró.
Y a la mañana del tercer día el sufí estaba lleno de ira.
Dijo:
¿Qué es lo que has hecho? Toda mi dicha ha desaparecido. Me siento muy normal. Me siento igual que cuando emprendí mi camino hace treinta años.
Empezó a gritar de rabia y de tristeza; se le saltaban las lágrimas.
Y me dijo:
¡Devuélveme mi método, por favor, no me lo arrebates!
Yo le contesté:
Si la iluminación es tan dependiente del método, entonces es que no ha sucedido nada. Se trata tan sólo de una ilusión creada por el continuo recordar. Eso es tan sólo autohipnosis.

Todos los grandes maestros dicen esto, que un día tendrás que dejar el método. Y cuanto antes lo dejes, mejor.
Cuando llegues a lo supremo, cuando se libere la conciencia, deja el método inmediatamente.
Mira, éste es sólo el cuarto sutra. En el tercero Atisha dice:

Examina la naturaleza de la conciencia nonata

Y en el cuarto, inmediatamente:

Deja incluso que el remedio se vaya...

Ahora ya no examines, deja de estar pendiente, deja de recordar que todo es un sueño. En cuanto tu lengua perciba el sabor de la conciencia, sé rápido. Porque la mente es muy astuta. La mente puede empezar a decirte: «Ya no eres una persona vulgar, eres extraordinario. Has llegado. Te has convertido en un buda, te has iluminado. Esa es la meta de todos los seres humanos y muy raramente, uno entre un millón, llega. Tú eres ese uno entre el millón.»
La mente te dirá todas esas tonterías, y por supuesto el ego puede volver. Quizá empieces a sentirte muy bien, mejor que los demás. Quizá empieces a sentirte especial, espiritual, santo. Y así se pierde todo. Mediante el remedio vuelve la enfermedad. Aférrate al remedio y volverá la enfermedad.

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